“Mi padre murió en un accidente de camión y Ana Ferrer dio trabajo a mi madre”

“Nací, crecí y he trabajado toda mi vida en la Fundación Vicente Ferrer”. Sujatha nació en  1971, con 44 años, una edad similar a la del profesor Villalba con quien empezó una conversión durante el trayecto a Gulyapalyam, poblado en el que la Fundación iba a inaugurar esa misma mañana 33 casas de nueva construcción para personas sin recursos. Los profesores de educación artística de la Universidad de Sevilla Carlos Escaño, Sergio Villalba, Rosa Vives, Ana Maeso y la doctoranda Margarita Zoido acuden en su primer día de trabajo en Anantapur a la visita de uno de los muchos proyectos que lleva a cabo la fundación. El director de este proyecto de cooperación “Educación artística y desarrollo humano” entre la Universidad de Sevilla y la Fundación Vicente Ferrer es Carlos Escaño. Quien ya estuviera en 2013 y que ha generado la dinámica de cooperación en fase aún de diagnóstico.

“Mi padre murió en un accidente de camión y Ana Ferrer dio trabajo a mi madre” así narraba Sujatha su vinculo con la Fundación ante las preguntas del profesor Escaño, explicando que existen actualmente seis proyectos en los que se centran los esfuerzos. El primero “educación y apadrinamiento”, el segundo “vivienda”, el tercero “salud”, el cuarto “mujer”, el quinto “ecología” y el sexto “personas con discapacidad”.  Se materializan por ejemplo en creación de embalses, plantación de frutales como mango y papaya, introducción de vacas semiamericanas “jersey” mezclada con local, plantas de biogás para cocinar. Estas últimas se dan a partir de los excrementos de cuatro o cinco búfalas para generar el gas. La doctoranda Mayi Zoido, arquitecta de formación, pregunta sobre los primeros pasos que dio la Fundación, a lo que Sujatha le responde que se centraron en abrir pozos, procurar alimentos y hablar de los problemas en las zonas rurales para detectarlos. Ahora también trabajan en el proyecto de ecología, y han conseguido concienciar sobre la importancia de alternan cultivos y cómo hacerlo para que la tierra no quede empobrecida. La cosecha principal aquí es el cacahuete y también se suele plantar tomate, que nos dice que está a unos cuatro céntimos de rupia el kilo. Un precio demasiado bajo para nosotros si tenemos en cuenta que una rupia son unos sesenta céntimos de euro.

“La dificultad de la mujer para estudiar no sólo radica en todo el esfuerzo que conlleva, sino en encontrar un marido que estudie más que ellas, menos no”. Sujatha nos cuenta que cuando una niña se hace mujer todo el pueblo lo sabe. Hay una gran fiesta que dura nueve días con su primera menstruación a los once o doce años. Ana Maeso  subraya la discriminación de la mujer desde niña, a lo que Sujatha le responde que la palabra en telugu (idioma oficial del estado de Andhra Pradesh en India) niña es “arapilá”, que significa “niña de allí”. “De allí” porque no se quedará en casa con los padres, se irá con su marido a la casa de los padres de él. Todos los esfuerzos hacia las niñas no recaen mas tarde en los progenitores. La maternidad en esta región, antes de los esfuerzo de la fundación por la educación de la mujer, era a los 18 o 19 años. Ahora se está prolongando hacia los 21 o 22 años.

“No utilizar la bicicleta para otras cosas, sólo para las niñas”. Esa es una de las condiciones que se les pone a las familias cuando se hace entrega de una bicicleta a una niña. Hasta los 16 años se extiende la formación en escuela secundaria y el propósito de la Fundación es evitar el abandono escolar. Las niñas acuden a las escuelas desde una distancia de 2 o 3 kilómetros y hay problemas para llegar hasta ellas. Cuando una niña llega tarde a clase el profesor les abronca exigiéndoles puntualidad y al regresar a casa son los padres quienes les regañan, causándoles tal frustración que finalmente acaban abandonando la escuela. Con las bicicletas van al colegio todas juntas, se recogen unas a otras. Últimamente los casos de violaciones en los atorichas, los autobuses, se han repetido en India. De ahí lo oportuno del proyecto de la Fundación de las Bicicletas.

 “Las castas se corresponden con las partes del cuerpo. Desde la cabeza que representa a los Brahamanes hasta los pies para Dálits y tribales”. Ante la pregunta de la profesora Vives sobre el sistema de castas la traductora de la Fundación explica cómo la cabeza se relaciona con la casta brahmanes, la de los sacerdotes. Los hombros y brazos corresponden a la casta de los kshátriyas, la de los guerreros. El tronco se reserva para los vaishyas, la casta de los comerciantes. Las piernas para la casta de los shudras, que realizan los oficios: lavanderos, peluqueros, alfareros… Y por último los pies que se corresponden con la casta de los dálits y tribales. En el estado de Adhra Pradesh, al que pertenece Anantapur, hay más de 3.200 pueblos y en ellos concurren todas las castas.

“Entre los tribales hay varios grupos, los que crían cerditos, los nómadas, los gitanos y los chenchus”. Estos últimos viven en los bosques a 350 kilómetros de la Fundación y venden miel. No tienen derecho a entrar en los pueblos y ciudades. La profesora Vives se interesa por esta última casta, a lo que Sujatha responde que son asentamientos muy lejanos y con muy pocos niños apadrinados en la fundación. Tienen su propio estilo de vida y no les gustan las incursiones de extraños. Los gitanos se distinguen en seguida por el apellido que terminan en “-naier” o “-bair”. Las chicas que van de modernas, nos cuenta,  pronuncian sólo la primera parte de este omitiendo el final.

“A un niño puedes preguntarle directamente de qué casta es, a un adulto no”. No se considera de buena educación preguntar directamente la casta a un adulto, bien se deduce de la conversación o se pregunta a una tercera persona sobre la casta de este cuando él no está presente. En clase los niños de casta alta se sientan delante, los otros detrás. Las actividades culturales son escasas pero un aspecto muy positivo es que todos participan y se favorece la integración. A través de la obra de teatro se conciencia desde la Fundación de la importancia de los estudios. A finales de los sesenta cuando la FVF comenzó su trabajo sólo el 5% de los niños de las castas más bajas en este distrito estaban escolarizados. Cuarenta años después la escolarización es del 58%, mérito atribuible a las dos mil personas que trabajaron en la Fundación Vicente Ferrer.

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