La casta chenchu, los niños del bosque

De la experiencia en la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur (India) cabría destacar tantos proyectos con matices humanos que darían para escribir ríos de tinta. Sin embargo, el tema de las castas en India es un factor que afecta de lleno a las relaciones humanas. Muchos indios de la casta más baja, los dálits, se convierten al cristianismo para no tener que confesar cuál es su casta. Nos lo contaba Tulasi, traductora de FVF-RDT de camino al orfanato de Batharapalli donde llevamos a cabo nuestro proyecto de intervención didáctica. Desde un punto de vista occidental es necesario un esfuerzo para hacerse a la idea de lo que significa pertenecer al grupo de los intocables. Con una mentalidad lejana al sueño americano, en la que todo el mundo puede alcanzar un estatus máximo, la casta dálits está destinada a los oficios menos gratos. Barrer el suelo, recoger la basura, el trato con los animales… son a todo lo que pueden aspirar desde su nacimiento.

En la base de la pirámide, en el escalafón más bajo, los grupos tribales comparten este estatus. Según nos explicaba Sujatha, otra intérprete de la fundación que nos acompañó en la visita de proyectos, entre los tribales hay varios grupos. Los que crían cerditos, los nómadas, los gitanos y los chenchus. No tienen permitido el acceso a las ciudades y pueblos. Los chenchus viven en los bosques a 350 km de la fundación en Anantapur (unas 7 horas en coche). Tienen su propio estilo de vida y no les gustan las incursiones, mucho menos de occidentales. Tienen problemas jurisdiccionales ya que no poseen tierras, sino que se asientan en ellas de manera nómada explotando sus recursos naturales y sin cultivarlas. Algunos basan su subsistencia en la venta de productos que el bosque ofrece en los márgenes de las poblaciones, como la miel. La Fundación Vicente Ferrer tiene apadrinados a pocos niños chenchus.

Manteniendo un punto de vista crítico hacia los conceptos bases de la cooperación y el desarrollo, y en relación con la casta chenchu, cabría plantearse si es ética una intervención en un pueblo que rechaza, a priori, el contacto exterior. La respuesta es compleja cuanto más conoces el esplendido trabajo de la fundación de ubicar hospitales en las zonas rurales más remotas.

Vicente Ferrer afirmaba que las personas que habitan las remotas  zonas rurales deben recibir la misma calidad de atención sanitaria que las que viven en las grandes ciudades.

Además de la labor de la fundación, es, el conocer las condiciones de pobreza en las que viven la mayoría de las personas en el estado de Andrha Pradesh lo que permite y valida cualquier posicionamiento ético que queramos adoptar.

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